Vacunas, sistema inmune y alimentación
Compartimos este podcast entre la Lic. Silvana Buján de Radio Universidad Nacional de Mar del Plata y nuestro director científico Dr. Silvio Schraier @sschraier.
Compartimos este podcast entre la Lic. Silvana Buján de Radio Universidad Nacional de Mar del Plata y nuestro director científico Dr. Silvio Schraier @sschraier.
Comer sano, hacer ejercicio y dormir bien. Algunas de las recomendaciones que brinda el Dr. Silvio Schraier, médico especialista en nutrición, director científico de Infoalimentos.
Nota publicada en Hoy Día Córdoba
Vivimos una situación inédita: vemos el avance del coronavirus Covid-19, una pandemia que no conoce de fronteras, pero dentro de nuestras casas. Salvo aquellos que por cumplir tareas esenciales deben salir, un mundo inquieto se vio obligado a hacer un parate. Estar puertas adentro puede resultar un desafío para quienes les cuesta seguir una rutina, pero también “puede ser una oportunidad para ordenar, por ejemplo, la alimentación”, explica el médico especialista en Nutrición Silvio Schraier. Sin embargo, son muchos quienes, por aburrimiento, angustia y el mismo encierro, comen de más y se mueven menos.
“Uno come por muchos motivos, entre ellos el aburrimiento, que puede incrementarse al estar en casa. A la vez, existen asociaciones muy arraigadas como permitirse comer de más cuando se está de vacaciones. Y muchos, al no tener que ir al trabajo, también se exceden precisamente por esta asociación. También sabemos que a los cines de cadena les interesa más el dinero que entra por la venta de pochoclo que de entradas. Y las personas, al ver series encadenadas por plataformas de streaming, también consumen alimentos en exceso al relacionar el ver con el comer”, remarcó Schraier
Lo cierto es que los efectos del aislamiento y la cuarentena en nuestra alimentación ya se perciben desde ahora. “Supongamos que para mantenerme en peso tengo que comer 2.000 calorías diarias. Pero por comer de más llego a las 3.000, algo que es muy fácil de alcanzar si se toma en cuenta que 1.000 calorías podrían ser tres empanadas, o cuatro alfajores. Con ese extra de 1000 calorías diarias, en 20 o 25 días perfectamente podríamos llegar a pesar cuatro o cinco kilos de más”, remarcó el especialista.
Tres empanadas tienen cerca de 1.000 calorías. Con tres empanadas de más por día, en menos de un mes podemos aumentar 5 kilos a nuestro peso. Sin embargo para el experto en nutrición consultado por Ámbito, en esta crisis también existe una oportunidad.
Pero para Schraier, en esta crisis también existe una oportunidad, si lo que se busca es mejorar la alimentación, ya que al estar más tranquilos en nuestras casas por la cuarentena “se puede probar qué pasa si elegimos alimentos más saludables o cantidades más coherentes”.
“En una consulta inicial, lo primero que los nutricionistas indagamos es en cómo el paciente come y, al que dice que para el desayuno toma un café lavado, omite el almuerzo o pica algo rápido en el trabajo y prepara una cena muy abundante, se lo trata de llevar a las cuatro comidas diarias: desayuno, almuerzo, merienda y cena. Ahora que los individuos permanecen en sus casas, se acabaron las excusas para no hacerlo”, remarcó.
El médico destacó que otro aspecto relacionado con “la pandemia de obesidad” es la falta de movimiento que se acrecienta al no poder salir y si bien existen variedad de clases a distancia, “hay quienes la siguen, pero también están quienes le bajan la cortina a la actividad física”.
“Si voy a un gimnasio habitualmente o si salgo a caminar, es una oportunidad de dejar de emplear la bicicleta fija como perchero y usarla de verdad y en caso de no tenerla, mirar un tutorial o caminar en el departamento por 30 minutos”, remarcó.
Además, en caso de que no se tenga que trabajar, la persona puede usar ese tiempo para ejercitarse y ordenarse. Por eso, según el médico, se insisten tanto con mantener una rutina, como cambiarse de ropa, no estar todo el día en piyama y armarse “una agenda mental” durante las horas laborales, con diversas actividades, dentro de la que pueden estar la actividad física y el planeamiento de las comidas, incluso cocinar y congelar.
Pero más allá de la comida y el movimiento existe otro aspecto fundamental del que se suele hablar poco: la importancia del buen dormir. “Muchas enfermedades como obesidad, diabetes y lípidos alterado se relacionan con una mala higiene del sueño. Está demostrado que dormir menos de 7 horas altera el reloj biológico y lleva a a comer más”.
“Si uno se mete en el google maps debería ver medio globo con luz de día y medio globo a oscuras, pero lo que se ve es que globo está totalmente prendido, lo que es aterrador, porque cuando se duerme menos aumenta el apetito”, concluyó.
Por ende, recomendó plantear el desafío de ordenarse y utilizar este tiempo para aprender hábitos que se puedan aplicar a futuro, lejos de las excusas.
El estado nutricional de las personas tiene una clara influencia sobre el modo en que funciona su sistema inmune, encargado de proteger al ser humano de las infecciones producidas por bacterias, virus o parásitos, vigilar y reducir la aparición de células con mutaciones (cáncer) y mantener el equilibrio interno entre inflamación y tolerancia inmune.
Nota publicada en Diario de C. Paz.
Contar con un sistema inmune que trabaja adecuadamente ayuda también a sacar el máximo provecho de las vacunas. Así lo explicó el doctor Silvio Schraier, médico especialista universitario en Nutrición, vicedirector de la carrera de especialistas en Nutrición de la Fundación Barceló y miembro del staff del Hospital Italiano de Buenos Aires.
Es por eso que, en contextos como el de la actual pandemia de covid-19, conocer de qué manera es posible fortalecer el sistema inmunológico cobra más relevancia que nunca. En ese sentido, Schraier explicó que llevar una alimentación saludable, hacer al menos 30 minutos diarios de actividad física cinco días a la semana, reducir el consumo de sodio (a menos de 6 gramos de sal por día), tener una correcta higiene del sueño y reducir los niveles de estrés son pilares clave a la hora de reforzar el sistema de defensas de nuestro organismo.
Al referirse a las características que definen una “alimentación saludable”, el especialista puntualizó que se trata de aquella que aporta todos los nutrientes esenciales y la energía que cada persona necesita para mantenerse sana. “Debe ser variada y equilibrada para asegurar la incorporación y aprovechamiento de todos los nutrientes”, remarcó.
Respecto de los nutrientes que contribuyen a fortalecer nuestro sistema inmune -y que por eso se los conoce también como “inmunonutrientes”-, Schraier detalló que los principales son:
1 – Hierro: la principal fuente de hierro de alto valor biológico son las carnes rojas.
2 – Ácidos Grasos Omega 3 (EPA, DHA): presentes en el salmón, la caballa, el atún, las sardinas. La chía, aceite de soja y de canola, presentan precursores que requieren de modificaciones dentro del cuerpo para convertirse en EPA y DHA
3 – Aminoácidos como arginina y glutamina: se encuentran en la carne roja, en la carne de aves, los productos lácteos y pescados.
4 – Vitamina C: se obtiene a través de cítricos, frutillas, kiwi, morrones, col, nabo, rábano, brócoli, papas y perejil crudo, hígado, riñón.
5 – Vitamina E: en frutos secos (como maníes, avellanas y, en especial, almendras) y las semillas (como las semillas de girasol) también se encuentra en las hortalizas de hojas verdes, como la espinaca y el brócoli.
6 – Vitaminas del Complejo B (B1, B2, B6, ácido fólico, etc.): presentes en una variedad de alimentos tales como carnes rojas, pescados, lácteos, semillas, huevos, mariscos y en la mayoría de las frutas y verduras.
7 – Vitamina B12: se encuentran, en especial, en el huevo y las carnes rojas. También se obtiene a través del pollo, mariscos, la leche y sus derivados.
8 – Minerales (Zinc y selenio): las proteínas animales son una buena fuente de zinc, en especial las provenientes de carne vacuna, de cerdo y cordero. Las nueces, los granos enteros, las legumbres y la levadura también aportan zinc. En tanto, el pescado, los mariscos, las carnes rojas, los granos, los huevos, el pollo, el hígado y el ajo permiten incorporar el selenio.
9 – Antioxidantes (polifenoles, betacarotenos): los polifenoles se encuentran en frutas, vegetales, cereales, vino, cacao y té. Mientras que zanahorias, morrones, boniato o batata dulce, calabaza, verduras y hortalizas, especialmente las de color verde oscuro como, las espinacas, acelgas o brócoli son excelentes fuentes de betacarotenos.
10 – Fibra: en frutas y verduras, especialmente en manzanas, naranjas, zanahorias, brócoli y cebollas. También en el salvado de avena, cebada, nueces, almendras, avellanas, y en las legumbres, semillas y granos, salvado de trigo, maíz, cereales integrales, en las cáscaras de las manzanas y peras, en la parte blanca de las frutas cítricas y legumbres.
Por último, Schraier hizo hincapié en que comer de manera variada y equilibrada no es más caro sino que requiere de un aprendizaje. Tener en cuenta, por ejemplo, cuáles son las frutas y verduras de estación, aprovechar los mejores precios que suelen encontrarse en las ferias barriales y conocer las mejores técnicas de cocción para incorporar los cortes de carne más económicos son algunos de las pautas a tener en cuenta.
Fuente: www.eldiariodecarlospaz.com.ar
Otras menciones de prensa:
“Duración de los alimentos: ¿qué sabemos? Aportes a la reducción del desperdicio de alimentos” es la última edición de la Serie de Informes Especiales de ILSI Argentina.
Este documento busca brindar información relacionada con la determinación y comunicación sobre la vida útil de los alimentos desde diferentes perspectivas tecnológicas, así como desde el grado de comprensión y la interpretación de los términos utilizados en los rótulos, por parte de los consumidores.
Rebeca ingresó a la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1922 y años más tarde se graduó con el título
En el 1900, en Estados Unidos, la bacteriología era una ciencia incipiente y un “mundo de hombres”, hasta que llegó ella: Alice C. Evans, quien estudió las bacterias de la leche recién extraída de las vacas y logró convencer a las autoridades de la época de la importancia de pasteurizar la leche. De este modo, se evitó la propagación de la brucelosis, enfermedad producida por el consumo de la leche de vaca cruda.
Alice Catherine Evans nació el 29 de enero de 1881 en una granja ubicada en Bradford County, Pensilvania (Estados Unidos). En el año 1901, empezó a trabajar como maestra rural, la única profesión disponible para las mujeres en esa época, enseñando a niños de 1° a 4° grado. Cuatro años después, asistió a un curso gratuito de 2 años en la Facultad de Agricultura de la Universidad de Cornell (Nueva York, Estados Unidos), cuyo objetivo era capacitar a los maestros rurales en los avances de las Ciencias Naturales para que se los transmitieran a sus alumnos.
La bacteriología era una ciencia joven en esos años y la Universidad de Cornell ofrecía estudiarla de manera gratuita. Así que Alice decidió continuar estudiando en la misma institución y en 1909 completó los estudios y alcanzó el título de grado en Agricultura (Bachelor of Science in Agriculture), especialista en bacteriología.
Al poco tiempo, por recomendación de un profesor de Cornell, obtuvo una beca para estudiar bacteriología, pero esta vez para cursar la Maestría en Ciencias en la Universidad de Wisconsin (Madison, Estados Unidos). Esta beca no la había obtenido nunca una mujer. En 1910 recibió el título de Máster en Ciencias (Master of Science).
Un profesor de la universidad de Wisconsin la nombró bacterióloga en el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (en inglés: United States Department of Agriculture – USDA), convirtiéndose en la primera mujer en tener un nombramiento permanente como bacterióloga en el USDA. A los funcionarios de esta institución no se les había ocurrido que se uniría una mujer, es por ello que cuando la vieron se sorprendieron muchísimo. Algunos dicen que cuando completó la documentación para ingresar, puso las iniciales de sus nombres y su apellido (A.C. Evans); es por ello que en el USDA pensaron que era varón y se sorprendieron tanto cuando vieron que era mujer.
En el Laboratorio de Investigación de la División de Lácteos del USDA, Alice estudió las bacterias de la leche recién extraída de las vacas. Su trabajo se centró en la bacteria que causaba aborto en las vacas, porque los primeros informes sobre esta bacteria advirtieron que podía ser peligrosa para la salud humana. Descubrió que las dos bacterias, Micrococcus melitensis (aislada por David Bruce en 1886) y Bacterium abortus (aislada por Bernhard Lauritz Frederik Bang en 1897), eran similares y reportó este hallazgo en la reunión anual de la Sociedad de Bacteriólogos Estadounidenses (en inglés: Society of American Bacteriologists – SAB) en diciembre de 1917.
En 1918, obtuvo un puesto en el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos (en inglés: United States Public Health Service) y allí continuó estudiando las bacterias de la leche de vaca y demostró que la pasteurización de la leche de vaca (que hasta ese entonces se aplicaba solamente al vino y a la cerveza) eliminaba las bacterias sin modificar sus propiedades nutricionales. Desde ese momento comenzó a recomendar la pasteurización de la leche, tanto para la venta como para la elaboración de quesos y derivados.
Debido a su trabajo constante con las bacterias del género Brucella, en el año 1922 contrajo brucelosis. En 1928, se convirtió en la primera mujer presidente de la Sociedad de Bacteriólogos Estadounidenses (en inglés: Society of American Bacteriologists – SAB). Actualmente, es la Sociedad Estadounidense de Microbiología (en inglés: American Society for Microbiology – ASM).
En septiembre de 1929, Paul de Kruif, un conocido autor que había publicado el libro The Microbe Hunters en 1926, publicó el artículo «Antes de beber un vaso de leche» en Ladies´s Home Journal. Las conclusiones de Alice en este artículo encendieron aún más la controversia que había en la época sobre la pasteurización de la leche. Sin embargo, otros autores estaban acumulando pruebas que respaldaban las conclusiones de Alice sobre la propagación de la brucelosis con el consumo de la leche de vaca cruda. Es por ello que es conocida como la madre de la pasteurización de la leche en Estados Unidos.
En 1934 comenzó el Programa Federal para la Erradicación de la Brucella. El programa ordenó que el ganado se sometiera a pruebas para detectar la presencia de Brucella y, si estuviera infectado, se sacrificara. En 1947, la mayor parte del ganado lechero en los Estados Unidos estaba certificado como «libre de Brucella«. Finalmente, entre los años 1964 y 1967, todos los gobiernos estatales de Estados Unidos votaron para adherirse a la Ordenanza Federal de Leche Pasteurizada, Ley 233, que establecía que toda la leche para la venta sea pasteurizada.
Alice tuvo su último episodio de brucelosis en 1943, 21 años después que contrajo la infección. Por lo que padeció en carne propia la difícil situación de los pacientes con brucelosis crónica. Se jubiló en 1945, a los 64 años, y a partir de entonces se dedicó a dar conferencias sobre las mujeres que estudian carreras dominadas por los varones. Una frase con la que se la cita es: “Las mujeres han demostrado que su capacidad mental para el logro científico es igual a la de los varones. Las mujeres no reciben el mismo reconocimiento que los varones”.
Además, se dedicó a apoyar y estimular la participación de las mujeres en las ciencias. En 1969, a través de la Asociación Estadounidense de Mujeres Universitarias, creó un fondo de becas en el Federal City College.
A los 89 años, en 1970, fue elegida miembro de la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias (en inglés, National Academy of Science). Recibió numerosos premios y reconocimientos y fue pionera en hacer que los científicos, esencialmente varones en ese momento, reconozcan y acepten la validez de la investigación científica realizada por mujeres. La investigación que realizó (identificando correctamente la bacteria causante de la brucelosis, que derivó en cambios a las leyes federales de pasteurización de la leche) fue original y sobresaliente.
Esta extraordinaria mujer falleció el 5 de septiembre de 1975, a los 94 años, en Alexandria (Virginia, Estados Unidos).

La isla de Malta sirvió como base logística del ejército británico durante la Guerra de Crimea (1853-1856). Para alimentarse, las tropas tenían una gran cantidad de vacas. Los médicos militares ingleses describieron que los soldados padecían fiebre, que se manifestaba periódicamente, y dolor muscular. Esta enfermedad recibió el nombre de fiebre de Malta o fiebre Mediterránea, actualmente se la denomina brucelosis.
En 1886, un médico del ejército británico llamado David Bruce fue enviado a la isla de Malta a investigar la causa de la enfermedad que producía la muerte de los soldados ingleses. Un tiempo después, Bruce aisló al microorganismo que causaba la enfermedad, en el bazo de un soldado inglés fallecido, al que llamó Micrococcus melitensis (que posteriormente fue denominado Brucella melitensis en su honor).
En 1897, el veterinario danés Bernhard Lauritz Frederik Bang aisló una bacteria que halló en el exudado uterino de una vaca afectada por una enfermedad que provocaba disminución en la producción de leche y abortos en el ganado bovino. A esta bacteria la bautizó con el nombre Abortus bacillus, que luego fue cambiado por Bacillus abortus y posteriormente por Brucella abortus. La enfermedad que esta bacteria producía en el ganado se conoció como la enfermedad de Bang.
En 1905, el médico maltés Themistokles Zammit encontró que otra fuente de contagio de la enfermedad (fiebre de Malta o Mediterránea) se producía al consumir leche o queso de cabras infectadas con el microorganismo Micrococcus melitensis (que posteriormente fue denominado Brucella melitensis).
En 1914 Jacob Traum aisló de los fetos abortados de cerdos la bacteria Bacillus abortus suis (que posteriormente fue denominada Brucella suis).
En 1920, la bacterióloga norteamericana Alice Catherine Evans comprobó que los microorganismos aislados por Bruce, Bang y Traum eran similares, por lo que pertenecían al mismo género, que fue designado con el nombre Brucella en honor a David Bruce.
En la segunda mitad del siglo XX se siguieron descubriendo diferentes especies del género Brucella.
|
Especie |
Hospedadores |
|
B. melitensis |
Cabras, bovinos, ovinos, cánidos, hombre |
|
B. abortus |
Bovinos, cánidos, hombre |
|
B. suis |
Cerdos, cánidos, hombre |
|
B. canis |
Cánidos, hombre |
|
B. ovis |
Ovinos |
|
B. neotomae |
Roedores |
|
B. ceti |
Delfines, marsopas, ballenas |
|
B. pinnipedialis |
Focas |
|
B. microti |
Zorros rojos, roedores de campo |
– Enfermedades transmitidas por alimentos: Brucelosis

{module title=»Tal vez también te interese» showtitle=»true»}
En el marco de su 30° Aniversario, ILSI Argentina organizó la Serie de Actualización Científica sobre los Proyectos del Grupo de Trabajo de Nutrición, Salud y Calidad de Vida, que se llevó a cabo en dos jornadas con presencia de participantes de Chile, Costa Rica, Guatemala, Perú, Uruguay, Argentina y Brasil. Los temas abordados fueron “Azúcares añadidos en diferentes etapas de la vida” y “Micronutrientes en el adulto mayor”. En este informe, resumimos los mensajes y conclusiones más destacados de los disertantes.
Noviembre es el mes de la diabetes (el 14 de noviembre de cada año es el Día Mundial de la
Fernando Cardini, miembro de nuestro equipo editorial, fue entrevistado en Colonia Agropecuaria, AM 550 Radio Colonia. El tema de la entrevista fue la inocuidad alimentaria. Fernando es Químico Toxicólogo, profesor de la UBA y Director Académico Escuela de Derecho Penal y Ciencias Forenses Aplicadas. También es presidente del Instituto Argentino para la Calidad (IAPC).
Fuente: AM 550 Radio Colonia

31 de agosto, 2020. Con la presencia de 18 panelistas y moderadores, se llevó a cabo el pasado viernes 28 de agosto el II Foro Argentino y IV Latinoamericano de Comunicación Responsable en Ciencia y Salud: “Caso COVID-19 Análisis de una Infodemia”, organizado por el portal Infoalimentos (www.infoalimentos.org.ar), el cual está integrado por las instituciones ILSI Argentina, ArgenBio y Fundación Barceló.