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Comer solo lo “natural” o distinguir comidas “malas y buenas”: cuáles son los peligros de los absolutismos alimenticios

“Cuando comer se vuelve un a todo o nada” fue la consigna del V Foro Argentino de Comunicación Responsable en Ciencia y Salud en el que expertos en nutrición, medicina, comunicación y filosofía reflexionaron sobre la importancia de tener presentes los propios sesgos cognitivos al tomar decisiones nutricionales. También analizaron el rol de la Ley de Etiquetado y alertaron sobre trastornos de la alimentación.

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¿Cómo se adelgaza más? Ayuno intermitente o restricción calórica continua: la respuesta que llega desde la ciencia

Nota en La Nación sobre ayuno intermitente con la participación del Dr. Silvio Shraier de nuestro equipo.

Un grupo de nutricionistas argentinas realizó una revisión sobre once estudios clínicos aleatorizados publicados entre 2015 y 2020

En cuestión de estrategias para bajar de peso son habituales las modas. Ahora le llegó el momento al ayuno intermitente, que puede asumir distintas variantes: 14 horas de ayuno por 10 de ingestas de alimentos, 16 por 8 o 20 por 4; días alternos (dos días sí y cinco días no), etc. ¿Ayunar es más fácil? ¿Se adelgaza más que comiendo cada tres o cuatro horas? ¿Mejoran las variables cardiometabólicas (colesterol, triglicéridos, resistencia a la insulina)?

Un grupo de nutricionistas argentinas realizó una revisión bibliográfica sobre once estudios clínicos aleatorizados publicados entre 2015 y 2020 y encontró respuestas: para bajar de peso, el ayuno no es mejor que la restricción calórica continua, lo que llamamos habitualmente “dieta”, una palabra que según los expertos debería ser reemplazada por “alimentación saludable”. La investigación también halló mejoras similares con ambos métodos en variables metabólicas y en indicadores como el índice de masa corporal (IMC), la masa grasa, el perímetro de la cintura.

“Hay varios tipos de ayuno, pero lo que está más de moda es la alimentación restringida en el tiempo o ayuno intermitente, con ventanas de ingesta de cuatro, seis y ocho horas –dice María Laura Oliva, docente e investigadora de la UBA y de la Universidad Austral, y una de las autoras del trabajo–. Siempre es conveniente que el ayuno se adecue al ritmo circadiano: comenzar cuando cae el sol y seguir hasta media mañana del día siguiente, respondiendo a los horarios fisiológicos”.

Oliva, que forma parte del Grupo de Estudio de Obesidad de la Asociación Argentina de Nutricionistas y Dietistas, aclara respecto del ayuno que “no es cierto que se puede comer sin límite en el período de ingestas. Hay posturas que buscan que se compensen intuitivamente, y otras que indican una restricción o alimentación controlada. En humanos no está estudiado, pero sí hay investigaciones en animales que prueban que después de ayunar comen el doble. No es una estrategia para bajar de peso”.

“Esta investigación, rigurosa, convalida que cualquiera de las dos alternativas es útil. Pero siempre deben plantear comer menos y moverse más, y también tener en cuenta la higiene del sueño. Los adultos tenemos que dormir entre siete y ocho horas cada noche; si eso no ocurre, se altera el ritmo circadiano: ayunamos fisiológicamente de noche porque de noche tenemos que dormir”, afirma Silvio Schraier, médico especialista en nutrición y vicedirector de la especialización en nutrición del Instituto Universitario Fundación Barceló.

“La investigación es muy interesante porque compara dos estrategias –explica María Milagros Alico, médica clínica y nutricionista (UBA)–. En ambos casos hay restricción energética. Quienes hacen ayuno quedan con un tiempo más corto para comer y generalmente la ingesta es menor, lo que indicaría mayor sensación de saciedad. La limitación es que no hay estudios sobre ayuno intermitente ni a mediano ni a largo plazo”.

“En obesidad no hay recetas mágicas –recuerda Don Hoon Woo, jefe de nutrición del Hospital Italiano de Buenos Aires–. El ayuno no es mejor ni peor: todo descenso de peso saludable produce disminución de las variables cardiometabólicas. Cualquier plan de alimentación con una restricción mínima de calorías, 500 por día, logra descenso de peso, pero debe ser personalizado e incorporar actividad física, que mantiene las mejoras en el tiempo. La idea es moverse más, no incentivar a que la gente coma menos”.

La licenciada María Florencia Plá, nutricionista del Hospital Argerich y de Clínica San Camilo, detalla que el ayuno intermitente es una estrategia en estudio para tratar la obesidad basada en el ritmo circadiano y la regulación del centro de la saciedad a través del hipotálamo. “Como profesional, sé que el ayuno no generará diferencias respecto de un plan de alimentación saludable y personalizado –señala–. No se necesitan restricciones calóricas tan importantes para bajar de peso. Pero si el paciente está desmotivado y necesita sentir que está haciendo algo nuevo, se le puede ofrecer esta estrategia. Sin embargo, el ayuno es para un lapso corto”.

Ayunar es preciso

“El reposo digestivo nocturno permite que el microbioma intestinal, esa población infinita de bacterias, encuentre espacio para fermentar, reproducirse, anclar –sostiene Oliva–. Por eso es importante lograr períodos de ayuno también entre las ingestas, no comer todo el tiempo: hacer un buen ayuno a la noche, cenar temprano o desayunar más tarde. Un error es cargar la cena, eso también causa una digestión muy larga en horario nocturno”.

“Al ayuno nocturno lo llamamos fisiológico –indica Schraier–. Téoricamente, menos el cerebro, paramos casi todo durante la noche y ese es nuestro ritmo humano, de labor diurna. Cuando tenemos trabajo nocturno o días alternos, se nos altera todo el cronómetro del cuerpo. El ayuno nocturno es necesario. Si un paciente se despierta para comer, algo está fallando”.

“Una persona sana puede hacer ayuno solo con agua, durante 40 días –sorprende César Casavola, jefe de nutrición del Hospital Alemán–. Eso no significa que se le pueda recomendar a todo el mundo. Durante la pandemia, a algunos pacientes que estaban muy desordenados les sugerí ayuno intermitente para fijar horarios y no comer de más. No es obligación hacer cuatro comidas diarias, pero tampoco el ayuno da más resultado que un plan hipocalórico adecuado a cada persona”.

Alico dice que es imprescindible que quienes realizan alguna forma de ayuno estén supervisados por un profesional. “Qué y cuánto se come en las ventanas de alimentación es fundamental para lograr que sea saludable y de buena calidad”, recomienda, al tiempo que enfatiza personalizar los tratamientos: “Veníamos de seguir pautas a rajatabla y hoy se trata de adaptarlas a la vida del paciente”.

Ventajas y riesgos

Junto con regular la alimentación, sentencia Alico, hay que moverse más porque es la única forma de mantener masa muscular, pero desaconseja actividades físicas intensas entre quienes ayunan: “Si el entrenamiento es liviano, como yoga, pilates o una caminata, no es necesario quebrar el ayuno. Pero quienes van al gimnasio en ayunas a hacer actividad fuerte consumen su propio músculo, que es el ‘combustible’ que primero se tiene disponible al ayunar”.

“Muchos tipos de ayuno terminan promoviendo hábitos no saludables –advierte Florencia Salva, licenciada en nutrición del Departamento de Alimentación y Dietética del Hospital de Clínicas–. Algunos protocolos proponen ayunar dos días y los restantes cinco comer arbitrariamente. Entonces puede suceder que la persona se prohíba comer por dos días y el resto viva a comida rápida o muy calórica como modo de compensación. Además, se corre el riesgo de no incorporar nutrientes importantes”.

Casavola añade que están en estudio posibles efectos del ayuno, como por ejemplo el bloqueo del mecanismo mTOR, que tiene participación en numerosos procesos fisiológicos; entre estos, la proliferación de células cancerosas. “Pero no está demostrado”, afirma.

Los ayunos pueden tener algunos efectos adversos o desagradables: mal aliento, baja de energía, dolores de cabeza, muy raramente hipoglucemias (en especial, en la modalidad de días alternos) y también hambre. Por eso, coinciden los expertos, es imprescindible siempre la supervisión profesional.

¿Y las app que pululan en la red sobre ayuno intermitente? “Información hay de sobra, pero no siempre es buena –explica Plá–. Los pacientes buscan alternativas supuestamente más fáciles, soluciones mágicas que no sirven. En alimentación y nutrición todo el mundo opina. Sin embargo, puede ser peligroso y como profesionales tenemos que trabajar mucho sobre todas estas creencias”.

El ayuno, por otra parte, a veces está contraindicado. “En personas diabéticas insulinodependientes y en quienes toman medicación secretante de insulina –advierte Woo–. Tampoco pueden ayunar los niños, ni las embarazadas, ni aquellos con trastornos alimentarios, bajo peso, enfermedades que pueden causar desnutrición (como el cáncer) o reflujo esofágico”.

“Bien instrumentada, alguna forma de ayuno puede ser una alternativa por un período –concluye Oliva–. Pero la estrategia más efectiva a largo plazo es la adherencia a un estilo de vida saludable, que resulte de una nueva vinculación con los alimentos, con un pequeña deuda energética y actividad física. Los objetivos de descenso de peso son del 10% a los seis meses. El problema es que la gran mayoría de las personas tiene objetivos más ambiciosos”.

Por: Gabriela Navarra
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/como-se-adelgaza-mas-ayuno-intermitente-o-restriccion-calorica-continua-la-respuesta-que-llega-desde-nid25122022/

 

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Obesidad y COVID-19: las dos pandemias que preocupan a los expertos

Decenas de estudios internacionales alertan que el sobrepeso y la obesidad son factores de doble riesgo para las personas que se contagian de coronavirus. Expertos analizan las causas y consecuencias.

La obesidad fue incorporada como enfermedad en 1950, según la Clasificación Internacional de Enfermedades y si bien no ha sido abordada como tal en la mayoría de las ocasiones, en la actualidad constituye una epidemia en casi todos los países, con el peligro de mayor riesgo en quienes la sufren frente a la pandemia del COVID-19.

En el contexto de la actual pandemia de SARS-CoV-2, diversos estudios también han demostrado el vínculo entre la obesidad y un mayor riesgo de sufrir las formas severas de la enfermedad producida por el virus.

Estudios científicos alertaron que el 30% de las hospitalizaciones por COVID-19 fueron en personas con obesidad. Además otra investigación, demostró que las personas con sobrepeso tienen un 46% más de riesgo de contraer coronavirus y también tienen mayor riesgo de desarrollar cuadros graves de COVID-19, con 113% más de posibilidades de ser hospitalizados, 74% más de riesgo de ser internados en unidades de Terapia Intensiva. Pero lo más preocupante es que en los pacientes con obesidad y COVID-19 se registra un 48% más riesgo de muerte que en las personas sanas que se infectaron con el coronavirus.

“Casi desde el inicio de esta pandemia se empezó a observar a nivel global que el hecho de presentar obesidad o sobrepeso significativo estaba asociado con un peor pronóstico en caso de contraer COVID-19. Desde un punto de vista mecánico es fácil comprender que el aumento de grasa abdominal puede comprimir al diafragma, un músculo importante en el proceso de la respiración y restringir la oxigenación pulmonar. Si a esto le asociamos una neumonía en ambos pulmones, como suele verse en esta infección viral, el resultado es una bomba de tiempo”, explicó a Infobae el doctor Mario Boskis (MN 74002), cardiólogo miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología y del Colegio Americano del Corazón.

“Asimismo, si consideramos que la obesidad también es capaz de generar menor respuesta de anticuerpos ante una infección debido a que se infiltran órganos que participan en la respuesta inmune con células adiposas, como ser la medula o sea o el bazo, y por otra parte que estas células producen un estado de inflamación crónica en el organismo por liberación de sustancias tóxicas llamadas citoquinas que debilitan tejidos y órganos, podemos entender el peor pronóstico cuando esa persona contrae COVID, ya que el virus del SARS-CoV2 por sí mismo es capaz de generar como respuesta en el organismo humano una mayor inflamación con el consecuente incremento del deterioro del cuadro clínico”, precisó el Boskis, director general del Instituto Cardiovascular San Isidro (ICSI) del Sanatorio Las Lomas.

Y completó: “Tenemos estadísticas como las publicadas por el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recientemente, en las que encuentran que individuos con obesidad significativa, o sea un Índice de masa corporal de 45 o mayor, presentaban el doble de posibilidades de requerir un respirador o tenían un 33% más de riesgo de ser internados o 66% de mortalidad en caso de COVID, que un individuo con un peso normal. Un peso corporal más bajo, traducido en un BMI de 30 a 35, disminuía el riesgo pero no lo anulaba, ya que hasta un 35% de estos pacientes debían ser internados en UTI. Es importante tener en cuenta que la obesidad también es un factor de riesgo en la producción de enfermedad cardiovascular, ACV, Diabetes, Hipertensión arterial y hasta algunos tumores, o sea que no es simplemente un problema estético, en esta verdadera pandemia del sobrepeso, existe una real amenaza hacia nuestra salud”.

Liliana Medvetzky, médica especialista en Nutrición del Servicio de Endocrinología, Metabolismo, Nutrición y Diabetes del Hospital Británico coincidió con el experto en relacionar un peor pronóstico para aquellos que tienen esta doble enfermedad: “Las personas con obesidad presentan en general una disminución de la capacidad funcional respiratoria, además de que la obesidad implica para el organismo una situación de inflamación de bajo grado. Si en ese contexto aparece la infección por COVID-19, a la inflamación de bajo grado se le suma una posible tormenta inflamatoria que puede comprometer aún más las defensas contra la infección viral. Además, la obesidad abdominal disminuye los movimientos adecuados del diafragma, por lo que en una situación de internación o ventilación asistida jugaría en contra. Hay estadísticas que muestran a la obesidad como factor de riesgo ante la infección por COVID-19, y en ocasiones, en personas obesas con compromiso pulmonar, la recuperación post COVID resultó más lenta”.

La pérdida de peso sustancial, a través de una cirugía o por un plan intenso de adelgazamiento, puede reducir el riesgo de enfermarse gravemente por COVID-19, encontraron investigadores de la Clínica Cleveland, de los Estados Unidos en un estudio publicado en enero en la revista JAMA Surgery revisada por pares. Entre los resultados más destacados, los investigadores observaron que el descenso pronunciado de peso genera 60% menos de probabilidades de desarrollar complicaciones graves.

El cardiólogo Steven Nissen, autor principal del estudio y director académico del Instituto del Corazón, Vascular y Torácico de la Clínica Cleveland, enfatizó este punto: “Los hallazgos sorprendentes del estudio actual apoyan la reversibilidad de las consecuencias para la salud de la obesidad en los pacientes con COVID-19″. “Este estudio sugiere que un énfasis en la pérdida de peso como una estrategia de salud pública puede mejorar los resultados durante la pandemia de COVID-19 y futuros brotes o enfermedades infecciosas relacionadas”, dijo Nissen.

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“La obesidad es una condición médica descrita como exceso de peso corporal en forma de grasa. Cuando esta se acumula, puede provocar graves problemas de salud. La prevalencia de la obesidad en todo el mundo continúa aumentando, y ahora se reconoce como uno de los problemas de salud pública más importantes que enfrenta el mundo en la actualidad”, explicó a Infobae la doctora Virginia Busnelli, (MN 110351), médica especialista en nutrición y directora del Centro de Endocrinología y Nutrición CRENYF.

En año 2022, 800 millones de personas en todo el mundo viven con obesidad. Y se espera que la obesidad infantil aumente en un 60 % durante la próxima década, hasta alcanzar los 250 millones en 2030. Las consecuencias médicas de la obesidad costarán más de $ 1 billón de dólares para el 2025. Según la Organización Mundial de la Salud la (OMS) el sobrepeso y la obesidad son el resultado de una suma de múltiples factores; entre ellos, el más importante, el desequilibrio energético entre calorías consumidas (alimentos y bebidas) y las gastadas, es decir: Un aumento en la ingesta de alimentos de alto contenido calórico; y un descenso en la actividad física cotidiana debido a la naturaleza cada vez más sedentaria de muchas formas de trabajo, los nuevos modos de transporte y la creciente urbanización.

El doctor Silvio Schraier Vicedirector de la carrera de Especialización en Nutrición de la Fundación Barceló y médico especialista en nutrición afirmó a Infobae que la obesidad es una enfermedad crónica que debe ser tratada como tal y que” es importante educar y hacer consciente a la sociedad en la importancia de modificar hábitos tanto para prevenir como para tratar”. Asimismo, este padecimiento que implica determinados tabúes y prejuicios, requiere cambios de hábitos alimentarios y estilo de vida (mayor actividad física y horas de sueño adecuadas). En muchas oportunidades hay que utilizar medicamentos específicos y, en casos extremos se indica cirugía bariátrica.

“Como médicos, en ocasiones, tratamos las consecuencias de la obesidad, pacientes con diabetes, hipertensión e insuficiencia cardíaca porque la obesidad no fue tratada primero” agregó Schraier, que resaltó que por ello que es primordial reconocer que la obesidad es una enfermedad que debe ser tratada por médicos especialistas. La OMS, que ha declarado desde 1986 la Obesidad como Pandemia también la presenta como factor de riesgo de padecer otras Enfermedades Crónicas No Transmisibles, como cardiopatías coronarias, accidentes cerebrovasculares, trastornos del aparato locomotor (artrosis) y algunos cánceres cáncer.

El método más utilizado para medir e identificar la obesidad es el índice de masa corporal (IMC) que se calcula como el peso en kilogramos dividido por la altura en metros al cuadrado. “En adultos, el sobrepeso se define como un IMC de 25-29,9 kg/m², mientras que un IMC ≥ 30 kg/m² define la obesidad. Si bien el IMC es una medida simple que es muy útil para las poblaciones, debe considerarse una guía aproximada para predecir el riesgo en las personas. En resumen, el IMC es más útil en una población, no de forma individual”, aclaró Busnelli.

Y agregó: “Otros métodos incluyen la medición de la circunferencia de la cintura, la relación cintura-cadera y la impedancia biométrica. La circunferencia de la cintura (CC) es un método de medición barato y fácil. La circunferencia de la cintura se considera un indicador razonable de grasa intraabdominal o visceral. Esta grasa está estrechamente asociada con un mayor riesgo de comorbilidad. Los puntos de corte del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) sugieren que los hombres con CC > 94 cm o las mujeres con CC => 85 cm se consideran en mayor riesgo.

El peligro de desarrollar cuadros graves de COVID-19 se incrementa con cada aumento en el índice de masa corporal (IMC), coinciden los científicos en un nuevo estudio que sugiere que perder peso puede reducir ese riesgo. El IMC permite calcular el peso ideal para cada persona y nos ayuda a detectar si nos encontramos dentro de los valores saludables o no. Es un índice que pretende determinar, a partir de la estatura y la masa de una persona, si su peso se encuentra en un intervalo saludable.

Una investigación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU, señaló que aquellos con el riesgo más bajo de desarrollar cuadros graves, tenían un IMC cerca del umbral entre el peso saludable y el sobrepeso en la mayoría de los casos. Por supuesto, el riesgo aumentaba con un IMC más alto. Otro estudio que analizó los registros de más de 6,9 millones de pacientes en el Reino Unido encontró una relación similar entre el aumento de IMC y la admisión en unidades de cuidados intensivos.

En un reciente estudio de la Universidad de Stanford, los autores concluyeron que “el SARS-CoV-2 puede desencadenar la disfunción del tejido adiposo para impulsar la resistencia a la insulina y los resultados adversos en el COVID-19 agudo”. En tanto, dijeron, otra investigación previa publicada en Cell Metabolism indicó que “el tejido adiposo favorece la infección por el SARS-CoV-2 y la inflamación patógena y puede explicar la relación entre la obesidad y el COVID-19 grave”.

“La obesidad es una enfermedad producida por múltiples causas que afectan el equilibrio neuro inmuno metabólico y psicosocial. El aumento de tejido adiposo produce en el cuerpo un grado bajo de inflamación, pero en forma constante que responde a todas las enfermedades con las que se asocia la enfermedad”, afirma la licenciada Araceli Vallone (MN 9739), nutricionista especialista en obesidad, que sostiene que “la mala alimentación y la falta de actividad física son, sin dudas, dos pilares enormes a la hora de conocer las causas de la obesidad, pero también tenemos que tener en cuenta otros aspectos de la vida como el manejo de las emociones que pueden llevar a comer de más, el estrés y la falta de descanso. Los riesgos que trae a la salud van desde la disminución de la expectativa de vida, insuficiencia renal, aparición de diabetes tipo 2, hipertensión y cáncer, entre otros”.

Controlar el aumento de peso es uno de los factores clave para evitar la diabetes, una enfermedad que afecta a unos 6 millones de personas en España, de las que un 40 % tiene obesidad y un 80 % sobrepeso

El doctor Federico Cuenca Abente (MN 93.175), Co-Director y Fundador de Cliníc Integral, explica que “su diagnóstico se realiza calculando el índice de masa corporal. Conceptualmente, lo que condiciona el riesgo cardiovascular que acompaña a esta enfermedad es la localización o distribución de la grasa, a predominio abdominal. Asimismo, es una enfermedad estigmatizante, donde se responsabiliza y culpabiliza al paciente que la padece, siendo este otro ítem a tratar para lograr el bienestar integral del paciente”.

Al mismo tiempo, Cuenca Abente plantea que “el tratamiento de la obesidad se basa en los cambios de hábitos alimentarios y el ejercicio físico. En ciertas ocasiones, a estos lineamientos, pueden sumarse el tratamiento farmacológico, procedimientos no invasivos (Ejemplo: Balón Gástrico) y la cirugía bariátrica. Cada una de estas opciones terapéuticas, debe conversarse en el equipo tratante”.

Respecto al tratamiento para una persona que tiene obesidad, la doctora Sánchez Calvin (MN 121757), médica especialista en nutrición precisó: “siempre les digo a mis pacientes que mi búsqueda es ser su última nutri y no su última dieta, por eso como profesionales de la salud especializados en nutrición, debemos tener herramientas como la psiconutrición, el mindfuleating, la psicología, la psiconeuroinmunoendocrinología, porque el tratamiento debe ser individual, personalizado e interdisciplinario, aplicado con inclusión y respeto.

Y agregó: “Hoy en día tenemos varios fármacos que podemos usar, pero primero debemos hacer un abordaje integral de nuestros pacientes para estar seguros de que entendieron que cerrar la boca, sobre exigirse, culparse, prohibirse, comer menos y ejercitar más, no son la solución a largo plazo, y que estos fármacos son efectivos si están bien recetados, de forma adecuada y acompañados de cambios duraderos de hábitos y de profesionales de la salud que los supervisen”.

La doctora María Alejandra Rodríguez Zía (MN 70.787) médica endocrinóloga, precisó a Infobae que con la epidemia mundial que tenemos de obesidad, es increíble la relación que estamos viendo entre cómo comemos, cómo engordamos y cómo nuestra microbiota se va alterando y enfermando.

“Una microbiota enferma nos sigue enfermando, por eso está en nuestras manos hacer que esto se revierta. Hay trabajos científicos que demuestran que disminuyendo nuestra ingesta, sencillamente a través de un ayuno entre 1 a 7 días, hay una modificación para bien de la microbiota, produciendo un aumento de las bacterias buenas. Si podemos llegar a una ingesta de menores calorías y mejor calidad de nutrientes, nuestra microbiota se curará. Cuando caemos en la tentación de grandes comilonas, llenas de harinas, dulces, grasa y de alcohol, la microbiota enferma produce inflamación intestinal y arroja a nuestra sangre productos de estas bacterias, que han muerto en nuestro intestino. Hoy se sabe que luego de una gran comilona, se corre el riesgo de intoxicarnos con estas endotoxinas, que pueden producir lesiones cerebrales”, concluyó Rodríguez Zía.

Fuente: Infobae – 7 de Marzo de 2022

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Del laboratorio a tu plato: mujeres argentinas que mejoran nuestros alimentos

¿Qué podemos hacer para alimentar mejor al mundo? Ciencia. Es lo que hicieron y hacen estas mujeres argentinas, cada una desde su especialidad, para que tengamos planes de alimentación y alimentos más seguros, nutritivos, sustentables y ajustados a nuestras necesidades. 

Te invitamos a leer estos artículos e hilos de Twitter que escribimos para la iniciativa #MartesDeCientificas, de la cuenta @CientificasAca, con el fin de visibilizar los aportes de científicas de nuestro país a la tecnología alimentaria y la nutrición. 

 

Elena Musmanno

Nutricionista, promotora de huertas en los colegios y educación nutricional en escuelas, nutricionista de presidentes, comedores escolares, comunidades mapuches y marinos mercantes.

– Más sobre Elena Musmanno en InfoAlimentos
– https://twitter.com/alimentos_info/status/1311027096014254083?s=20


María Luz Pita Martín de Portela

Dra. en Farmacia y Bioquímica, especialista en Nutrición, Profesora universitaria e investigadora, distinguida internacionalmente. Investigó sobre la ingesta, absorción y utilización de vitaminas y minerales.

– https://twitter.com/alimentos_info/status/1394759858243649538?s=20


Rebeca Gerschman

Farmacéutica y bioquímica, discípula de Bernardo Houssay, candidata al Premio Nobel y una de las científicas más destacadas de Argentina. A ella le debemos el uso de alimentos, medicamentos y tratamientos antioxidantes para detener el envejecimiento de las células, mantener la salud y prevenir enfermedades y el desarrollo del «método Gerschman-Marenzi» para medir el potasio en sangre (fundamental para la regulación de la presión arterial, entre otros factores)

– https://twitter.com/alimentos_info/status/1374414308709330946?s=20


Julia Carreras

Ing. Agrónoma, Magister en Ciencias Agropecuarias y Dra. en Biociencias y Ciencias Agroalimentarias. Su principal área de trabajo es el mejoramiento genético del garbanzo.

– https://twitter.com/alimentos_info/status/1356601018910466048?s=20


Patricia Narvaiz

Lic. en Cs. Químicas, destinó gran parte de su carrera al estudio de la irradiación en alimentos en distintos organismos nacionales e internacionales.

– https://twitter.com/alimentos_info/status/1407397003160608772?s=20


Noemí Zariztki

La multi-premiada Ing. Química que desarrolló films y recubrimientos comestibles, alimentos libres de gluten y bajos en grasas, entre muchos otros desarrollos

– Más sobre Noemí Zariztki en InfoAlimentos
– https://twitter.com/alimentos_info/status/1338947475588182016?s=20


Sara Josefina Closa

La científica que contribuyó al desarrollo de la tabla de composición química de alimentos de argentina.

– https://twitter.com/alimentos_info/status/1387127698376564751?s=20


Mara Galmarini

Dra. en Bromatología, Lic. en Alimentos, Inv. Adjunta CONICET. Se dedica al análisis sensorial de los alimentos.

– https://twitter.com/alimentos_info/status/1414944057051295758?s=20


María José Martínez

Especialista en calidad alimentaria de los granos de cereales y oleaginosas, cultivos industriales y legumbres secas. Trabaja en un proyecto de investigación de mejoramiento genético del garbanzo.

– https://twitter.com/alimentos_info/status/1359195303522545667?s=20


Anahí Yañez

Bióloga de plantas, especialista en biología molecular. Estudia el ADN de ajíes y pimientos.

– https://twitter.com/alimentos_info/status/1348980191343882240?s=20


María Victoria Santos

Ingeniera Química y Dra. en Ingeniería. Investigadora Adjunta del CONICET en IPATEC. Premiada por dos importantes desarrollos en la industria alimentaria: una barra de cereales apta para personas con diabetes y un método para optimizar el proceso industrial que se aplica a repollitos de bruselas precocidos congelados.

– https://twitter.com/alimentos_info/status/1442866319641047045?s=20


María Cristina Añón

Multi premiada Dra. en Ciencias Bioquímicas, tiene una larga y amplia trayectoria que empezó en el área de la genética molecular y luego viró hacia la tecnología de alimentos.

– https://twitter.com/alimentos_info/status/1341464094080163840?s=20


Trinidad Soteras

Veterinaria, especialista en calidad e inocuidad agroalimentaria. Magister Internacional en Tecnología de los Alimentos. Se dedica al análisis sensorial de los alimentos, desarrollando tecnologías de preservación, alimentos funcionales, nutracéuticos y planes de alimentación específicos, entre otros. 

– Más sobre Trinidad Soteras en InfoAlimentos
– https://twitter.com/alimentos_info/status/1328726578784821248?s=20


Susana Socolovsky

Científica, Investigadora y docente reconocida por sus aportes a la innovación tecnológica y el desarrollo de alimentos. Ha desarrollado más de 140 alimentos, fundamentalmente funcionales y modificados en su composición (más conocidos como light).

– Más sobre Susana Socolovsky en InfoAlimentos
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Lácteos “rebajados”: qué tienen los productos que parecen leche, yogur o queso pero no lo son

Son más baratos y es fácil confundirlos en la góndola con los originales. Pero según expertos, no nutren igual. Qué revisar al comprar.

Por: Martín Grosz con la participación de nuestro Director Científico, el Dr. Silvio Schraier. 
Fuente: https://www.clarin.com/

De la mano de la crisis y el avance de la pobreza un nuevo tipo de lácteos ganó terreno: los «rebajados» o «ultra low cost». Productos baratos que se parecen a la leche, el yogur, el queso o la manteca. Pero no lo son, por no alcanzar el mínimo legal de materia prima como para ser llamados así. Y tampoco nutren igual.

Su precio –hasta 60% menor– llama la atención y, como en las góndolas aparecen entre medio de los lácteos tradicionales, resulta muy fácil confundirlos.

Tanto que muchos consumidores recién se enteran de lo que compraron al probar el producto y notarlo extraño: con sabor y textura diferentes, o como si estuviera aguado.

La letra chica del envase revela el motivo. Lo que lucía como leche común, saborizada o chocolatada en realidad es definido como una «bebida láctea» con leche. Y lo que parecía ser yogur bebible no incluye esa palabra: figura sólo como un «alimento lácteo» o una «bebida láctea fermentada».

La familia de réplicas, diversa y ampliada

De igual modo, según relevó Clarín, hay actualmente varios productos que destacan la palabra «rallado», pero no son queso sino un «aderezo» con queso.

También proliferaron artículos con tamaño, forma y color de manteca que no son manteca: sus envases sólo dicen «producto untable».

La misma tendencia ya había dado a luz a un «producto para batir y cocinar» parecido a la crema, pero hecho a base de crema. Y réplicas del dulce de leche presentadas como «pasta dulce» con sabor a dulce de leche o como «alimento untable a base de leche y azúcar».

«En Argentina se registra no sólo una disminución del consumo del lácteos, sino también una primarización. Por la fuerte caída del poder adquisitivo, lo que hoy se consume es de menor valor agregado», contextualiza Jorge Giraudo, experto en lechería y director del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA).

«En el último tiempo hasta las grandes empresas del sector comenzaron a sumar estos productos más económicos, porque la demanda de los tradicionales se derrumbó, tienen altos costos fijos por cubrir y necesitan ofrecer algo que el consumidor actual pueda comprar», explica.

Los otros ingredientes de los lácteos «rebajados»

Ahora bien, ¿qué les agregan a estos lácteos para abaratarlos? ¿Con qué los «rebajan» para poder venderlos tanto más baratos?

«Los similares a la leche -responde Giraudo- contienen en general materias primas de menor calidad, más azúcar y bastante suero líquido, que surge del sobrante del proceso de elaboración de los quesos. Tienen leche, pero obviamente no alimentan igual que la leche.»

Cuando en 2019 estos productos empezaron a traer polémica, la ANMAT, el organismo que controla los alimentos, aclaró que el Código Alimentario admite la venta de «bebidas lácteas» hechas «a partir de la leche y/o leches reconstituidas y/o leches fermentadas y/u otros derivados de origen lácteo», pero sólo si al menos el 51% de su contenido es de origen lácteo.

La ANMAT explicó también que si tienen al menos un 51% de leche pueden ser llamados «bebida de leche» o «bebida a base de leche». Pero los envases no deben sugerir que es leche y tienen que decir “no es sustituto de la leche”.

Un producto que de lejos parece yogur, según relevó Clarín, dice por ejemplo que es un «alimento lácteo a base de suero de leche, leche entera y azúcar». El envase de un kilo se vende a $ 84, frente a los $ 170 o $ 190 de un yogur de marca líder.

Mezclas con harina, aceite y agua para abaratar

En los «rallados» el queso sardo o reggianito se combina con sémola (harina gruesa) y almidón: logran así un aderezo posible de vender a $ 47 el sobrecito de 40 gramos, contra $ 80, $ 90 o más de un queso rallado de igual tamaño.

¿Con qué hacen el «untable» símil manteca? La crema de leche se mezcla con aceite, y así un pan de 200 gramos cuesta $ 106, $ 119 o $158, contra $ 223 de una manteca líder.

En los «untables» que se mimetizan con el dulce de leche, además de leche y azúcar aparecen ingredientes como «sólidos lácteos», agua, almidón, grasa bovina refinada, agar-agar y colorantes.

Menos calcio y proteínas, la advertencia de los nutricionistas

Expertos en nutrición miran el fenómeno con preocupación y ponen el foco en la leche y el yogur, por ser dos alimentos esenciales cuyo consumo en el país ya era insuficiente. Si ahora encima avanzan versiones «rebajadas», plantean, el déficit de nutrientes puede agravarse.

«Históricamente estos ‘análogos’ de la leche no existían y la ‘bebida láctea’ por excelencia era la leche chocolatada, un producto bueno», recuerda Sergio Britos, el director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA).

Y sigue: «Pero la crisis económica hizo aparecer estos homólogos, que son de bastante heterogénea calidad y que le exigen mucho esfuerzo de comparación al consumidor. Son más económicos que la leche, pero con un diferencial en la composición nutricional. Muchos por ejemplo tienen menos proteínas».

Según comparó Clarín, hay «bebidas lácteas» símil leche que por cada 100 ml aportan 1,3 gramo de proteínas, contra 3 g de la leche: un tercio. De calcio tienen 85 mg, frente a 115 mg del producto original: un 25% menos. E incluyen menos vitaminas. Pero de carbohidratos tienen 33% más que la leche: 6 g en vez de 4,5.

«Aunque el producto esté hecho a base de leche, no lo es. Entonces, no le podemos pedir lo mismo. Como alimento, no sirve», sentencia Silvio Schraier, médico especialista en nutrición y vicedirector de la carrera de Especialistas en Nutrición de la Fundación Barceló.

«La leche -explica- es insuperable como fuente de calcio para los seres humanos porque tiene la relación ideal entre calcio y fósforo. Si a esa leche la concentran y luego no la reconstituyen en la proporción correcta, la relación se altera. Y la proteína se rebaja. Con lo cual, ya ninguna de las dos cosas nos sirven.»

Según Schraier, el menor aporte de proteínas puede llegar a compensarse, por ejemplo, comiendo más huevo. «Pero con el calcio, perdiste», opone. Los posibles efectos de largo plazo de que ese nutriente falte incluyen desde problemas de crecimiento en los chicos hasta osteoporosis en la adultez.

Consejos prácticos para elegir en la góndola

Lo que suma confusión es que también existen «bebidas lácteas» muy completas, con aportes incluso mayores que los de la leche.

«Todo depende del perfil nutricional. Una bebida láctea puede ser mejor o peor dependiendo del contenido de proteínas, del contenido y el tipo de grasa, del agregado de nutrientes de fortificación y otras variables», matiza Britos. ¿Cómo saber, entonces, qué conviene comprar y qué no?

El nutricionista sugiere mirar la tabla nutricional de cada producto y guiarse por este criterio: una «bebida láctea», cada 100 cc, debería aportar al menos 2 g de proteínas y 100 mg de calcio, y no más de 11 o 12 g de carbohidratos.

«Si el producto alternativo está más o menos en esos valores y su precio es ‘sensiblemente’ menor, puede valer la pena; en caso contrario, siempre es mejor la leche», define Britos.

Schraier, en tanto, aconseja mirar siempre en la letra chica de los envases el nombre del producto: «Si querías leche, lo que lleves tiene que decir ‘leche’. Si querías yogur, debe decir ‘yogur’. Si dice ‘alimento’, ‘bebida’ u otra cosa, no lo compres sin consultar antes a tu médico o nutricionista».

Los derechos del consumidor frente a los lácteos «rebajados»: opciones sí, engaño no

Las empresas tienen derecho a vender los «lácteos similares», siempre y cuando cumplan con lo que manda el Código Alimentario sobre su composición y el modo correcto de definir cada producto.

Pero los consumidores, a su vez, tienen derecho a no ser engañados​ al comprar. Así lo advierte Jorge Surin, abogado especialista en publicidad engañosa y profesor titular de Derechos del Consumidor en la Universidad de Belgrano.

Por la ley nacional 24.240, según este experto, los autoservicios, dietéticas, súper e hipermercados deben brindar información clara, adecuada y suficiente sobre estos productos.

Además, recuerda, el DNU 274/2019 prohíbe realizar «cualquier clase de presentación, de publicidad o propaganda que mediante inexactitudes u ocultamientos pueda inducir a error, engaño o confusión» sobre las características, propiedades, origen, calidad, pureza y otros aspectos de los productos.

«Si se exhibe en góndola o se publicita en web un producto untable con forma y rotulado muy similar a una manteca, el comercio no podrá incluir el nombre ‘manteca’, ya que no es manteca. Lo mismo pasa con los alimentos bebibles con sabor a fruta, que no son yogures bebibles. O con las bebidas a base de almendra, que no son leche de almendra», ejemplifica Surin.

«Lo importante es que la denominación que autoriza la ANMAT sea la que efectivamente se incluya en el producto y que la imagen en el rotulado no confunda a los consumidores. De lo contrario, teniendo en cuenta que los comercios ‘juntan’ a estos alimentos con los originales y que son más económicos, el combo de engaños sería tremendo», cerró.

Actualizado al 16/09/2021 7:52
Foto: Germán García Adrasti/Archivo.
https://www.clarin.com/servicios/lacteos-rebajados-productos-parecen-leche-yogur-queso_0_ijyvW69lH.html
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